¡Hay grupo!
Encuentro en Binissalem, la (discutible) capital del Raiguer, en un día que se preveía ventoso pero que además se había levantado por momentos lluvioso. Con la pereza mental que eso supone nos congregamos para tomar café en el bar Lluís y partir con la vista puesta en el horizonte, pues la cosa estaba bastante negra. ¿Y cuál era nuestro horizonte? Pues nada menos que Solleric, al que llegamos por el camino romano (¿veremos alguna vez la pared terminada o tendremos que agradecer eternamente a los ecologistas que pararan los pies al propietario?). Y nada más dejar el asfalto y llegar al camino que da acceso a Solleric Xouanar tiene que abandonar por fuerza mayor: rotura del basculante. Dos tiritas, un palo y una buena dosis de paciencia para volver a Binissalem a por el coche. Dicen que cuando estás a punto de morir pasa toda tu vida por delante de tus ojos; pues cuando tienes que patear hasta el coche con la bici rota al lado es algo parecido pero salpimentado con una dosis de ridículo y otra de enfado.
Los demás seguimos compartiendo sendero hasta la barrera con una pareja de bikers musculares, y nos separamos ya que ellos tienen intención de desviarse por s'Olivaret (para entendernos) y nosotros seguimos por el camino oficial pues tenemos intención de girar hacia sa Font Figuera. Con la sensación de estar en un sitio nuevo pues los trabajos de limpieza en ese sector han sido intensos en los últimos meses ascendemos hasta el Coll del Sementeret (según el Open Street Maps de Strava) y nos tiramos hacia Oli Clar. Remontamos de nuevo por pista y nos dirigimos hacia la zona des Sementer Gros (según Strava también) para hacer el ya clásico loop por la zona (donde sorprende que nadie todavía se haya dado con los cuernos en la rejilla ni en una muy traicionera rama puntiaguda de un olivo, por cierto) y nos dirigimos hacia Son Ordines para poner rumbo a Lloseta para la segunda parte de la ruta.
En el cruce de la carretera que se dirige a Tofla, y después de algún percance con las intensas rachas de viento, nos hemos encontrado con un Maifren, y en el cruce del torrente de s'Estorell y con Rody haciendo tapón nos hemos encontrado con varios bikers más en lo que alguien ha comparado acertadamente con un control de alcoholemia. Descongestionado el asunto hemos seguido hacia el cementerio y hacia la Comuna de Lloseta para por los caminois innominados (incluso en Strava) y que yo llamaré de la ermita, llegar hasta la pista que sube al Puig. Un bonito arco iris enmarca la vista sobre Mancor y Lloseta dejando sensación de valle encantado por donde tienen que pastar unicornios y pasear ninfas en pelotas. Mientras tanto pienso en lo bonita que es nuestra isla... y en lo bonito que es subir el Puig con la eléctrica y que te llegue oxígeno al cerebro mientras lo haces y no sufriendo el infierno que verdaderamente es, con tramos de pendiente que superan el 25%.
Llegados arriba con un viento del copón y leatherman en mano hemos tirado del cable partido de la tija pija de David para poder bajar el sillín de la Wild, y nos hemos lanzado a un descenso que a estas alturas no necesita presentación. Rápido y técnico con giros, escalones, losas, saltitos... un disfrute para poner punto final a una gran mañana de MTB por nuestro estimado Raiguer que tantas alternativas y rincones nos regala. Solo nos queda regresar a Binissalem para tomar unas birras en Ca na Tomasa, que parece consolidarse como nueva sede post-ruta, y celebrar como se merece la llegada del 2026 y las nuevas aventuras y desventuras que nos traerá. Por lo pronto, parece que un jamón y quién sabe si hasta camisetas.
Salut i pedals!



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