¡Hay grupo!
Encuentro en Binissalem, la (discutible) capital del Raiguer, en un día que se preveía ventoso pero que además se había levantado por momentos lluvioso. Con la pereza mental que eso supone nos congregamos para tomar café en el bar Lluís y partir con la vista puesta en el horizonte, pues la cosa estaba bastante negra. ¿Y cuál era nuestro horizonte? Pues nada menos que Solleric, al que llegamos por el camino romano (¿veremos alguna vez la pared terminada o tendremos que agradecer eternamente a los ecologistas que pararan los pies al propietario?). Y nada más dejar el asfalto y llegar al camino que da acceso a Solleric Xouanar tiene que abandonar por fuerza mayor: rotura del basculante. Dos tiritas, un palo y una buena dosis de paciencia para volver a Binissalem a por el coche. Dicen que cuando estás a punto de morir pasa toda tu vida por delante de tus ojos; pues cuando tienes que patear hasta el coche con la bici rota al lado es algo parecido pero salpimentado con una dosis de ridículo...